Orígenes del Hard Rock y del Heavy Metal

Salvador Domínguez

Los músicos que hemos tenido el privilegio de vivir el hard rock desde su creación hasta nuestros días coincidimos en cifrar su arranque con la llegada de Cream y su presentación pública en el Festival de Windsor (Inglaterra) en agosto de 1966, aunque puestos a ser puntilleros podríamos retroceder un poco más y sentar su despegue con el riff comprimido de You really got me (1964) de los Kinks, o con el archibrutal My generation (1965) de los Who.




Un mes después de lo de Windsor, Jimi Hendrix volaba de Nueva York con destino a Londres, buscaba bajo y batería y formaba un trío: The Jimi Hendrix Experience, que en las Navidades del 66, y gracias a los esfuerzos de su descubridor y productor Chas Chandler, editaba su primer single en el Reino Unido: Hey Joe / Stone free. No mucho más tarde, en junio del 67, Hendrix volvía a su país convertido en rutilante estrella de rock, para reventarle oídos y retinas a sus paisanos en un épico aquelarre en el Festival Monterey Pop.




Incrustado en una época musical de continuos cambios y renovaciones, nacía un planteamiento sonoro que cobrará mayor realce al irse involucrando otros guitarristas que ya habían maniobrado en él, como Jeff Beck, que tras su aparatosa espantada de los Yardbirds (noviembre de 1966) montó The Jeff Beck Group, sentando aún más las bases del género con un primer single, Beck´s bolero (abril de 1967), y el elepé Truth (agosto de 1968).




Este invento, definido por la crítica musical como hard rock, tuvo un grandísimo éxito comercial en los EEUU, por lo que un buen número de grupos ingleses dirigieron su artillería pesada hacia esos pagos. En el otoño de 1968, Jimmy Page, otro ex componente de los Yardbirds, creaba Led Zeppelin, un cuarteto de características muy similares a las del Jeff Beck Group, pero de muchísimo mayor impacto en las listas de ventas, prolongando su indiscutible reinado durante doce largos años, hasta que se les murió el baterista, después de beberse cuarenta vodkas dobles en un ensayo.




Aparte de Cream, Jimi Hendrix Experience, The Jeff Beck Group y Led Zeppelin, cientos de bandas cruzaban el charco: Jethro Tull, Free, Deep Purple, Taste, Jody Grind, Andromeda, Black Widow, May Blitz, Steamhammer, Humble Pie, Paladin, Wishbone Ash, Home, Uriah Heep, Black Sabbath, Blodwyn Pig. También los holandeses Golden Earring, y Focus, cuya onda progresiva no ocultaba sus verdaderos instintos. Mientras, en América, salían nuevos grupos: Blue Cheer, Steppenwolf, Amboy Dukes, MC5, Stooges, Mountain, Cactus, Grand Funk Railroad, Bloodrock, Guess Who, Lee Michaels Band, James Gang, Captain Beyond, Zephyr, etc., etc.




Paradójicamente, al llegar 1971, Jimi Hendrix ya estaba muerto y enterrado, Clapton asumía una carrera en solitario más reposada, y Beck pasaba de movidas hardrockianas y se lanzaba a un ritual de funk jazz rock en una segunda edición de su grupo, no sin antes estrellarse con su hot rod Ford ´23 en las cercanías de Maidenhead, Kent.
Tras seis años de continuo guitarreo hiperamplificado (1966-1971), a nadie se le había ocurrido etiquetar dicha fórmula con el epígrafe hevy metal. Sí hard rock, o heavy rock, pero de “metal”, nada, no había ni rastro. En sí, el término está contenido en una novela de William Burroughs: Nova express (1964), y en la letra de Born to be wild (1968), himno por autonomasia de los moteros del mundo entero, claro que su compositor hacía alusión al “heavy metal thunder”, es decir: al tronar del tubo de escape.




No fue hasta bien entrado 1972 cuando se usó esa denominación en términos de adjetivo musical, pero de manera peyorativa. Aparecía escrita en una crítica de un concierto de los últimos Iron Butterfly, en el que, por lo leido, el volumen era ensordecedoramente atronador, quizás para intentar maquillar los inexistentes matices de una banda en decadencia. Una vez inventado el término, se siguió aplicando a otros grupos, como a Captain Beyond, o a esos neoyorkinos astrales: Blue Oyster Cult; inclusive a Black Sabbath en alguna de sus peores noches, cuando salían a escena insultantemente borrachos después de que su cantante Ozzy Osbourne hubiese defecado a gusto en el suelo de un camerino lujosamente enmoquetado y decorado con ramos de flores.




Entre tanto, el impulso del “heavy” seguía su curso en Inglaterra con la consagración de Deep Purple y el éxito de Machine head (1972), su séptimo elepé, que abría las puertas a un nuevo mercado consumista en la Tierra del Sol Naciente. Incluso un andrógino glam como David Bowie contrataba una banda de hard rock, al mando de la araña de Marte Mick Ronson. El circuito europeo de actuaciones lo copaban Mott the Hoople, Bedlam, Trapeze, Thin Lizzy, UFO, Heavy Metal Kids, Frampton´s Camel, Pretty Things, Alex Harvey Sensational Band, Nazareth -gibraltareños-, Widowmaker (de Steve Ellis y Ariel Bender), Armageddon, y un aluvión de bandas británicas que cruzaban el Atlántico para entrar a saco en los EEUU. A los que mejor se les dio fue a Bad Company y a Queen, cuyo éxito fue apoteósico, haciendo ganar millones de dólares a su entorno profesional.




América contratacó y puso en liza a Bachman Turner´s Overdrive, Montrose, Derringer, Ted Nugent, Alice Cooper, Kiss, Lou Reed -con Steve Hunter y Dicky Wagner revisando temas de Velvet Underground a 10 de volumen-, Aerosmith, Black Sheep, Journey, Molly Hatchet, REO Speedwagon, Styx, Kansas, Black Oak Arkansas, y a la brigada canadiense: Rush, Mahogany Rush, con lo que el showbiz cobró aún mayor brío. Promotores y mánagers como Bill Graham, Frank Barsalona, Dee Anthony, Steve Leber y David Krebs se ocuparon de mantenerlo saneado, por la cuenta que les tenía.




Rebasado el ecuador de la década, a finales de 1975 Ritchie Blacmore abandonaba Deep Purple y enfocaba su carrera con un nuevo quinteto, Rainbow, pero los gastos derivados de una lujosísima puesta en escena le obligarán a recortar dispendios. Además, el éxito comercial obtenido, aunque grande, no fue ni mucho menos el esperado. Al entrar en 1976 se notó un profundo bajón en la escena hard rock británica. La llegada y el auge del punk y del new wave frenó el constante surgir de grupos y seguidores. Las actuaciones de los conjuntos consagrados empezaban a ser cada vez más espaciadas, y en auditorios de menor capacidad. Tocaba la hora de las vacas flacas.




Sin embargo, durante estos años el movimiento se mantendrá vivo gracias al empuje de agrupaciones como UFO y Thin Lizzy. Los primeros, tras años de brega constante empezaban a vender muchos discos en EEUU (No heavy pettin´, Lights out); los segundos arrasaban las Islas Británicas con furibundos elepés como Jailbreak (1976), Johnny the fox (1976), Bad Reputation (1977) y el doble en directo Live and dangerous (1978).




En enero de 1976, Phil Carson y Dave Dee, dos ejecutivos de Atlantic Records en Londres, se traían a Inglaterra a un quinteto australiano, AC/DC, que al año siguiente entraba en las listas como un cañón con su álbum Let there be rock (1977), creándose a su vez un seguimiento de culto hacia ellos que no tardaría en explotar a lo bestia. Aquel mismo año, Judas Priest, una banda de Birmingham que llevaba casi dos lustros en el tajo, sin suerte ninguna, fichaba con la CBS y editaba Sin after sin (1977), haciendo presagiar con ese álbum los días de duro metal que estaban al caer. Su estética de cuero negro y tachas, combinada con una brutal sobrecarga de watios así lo confirmaba. También hizo rugir sus máquinas Motörhead, trío apologista de las motos y de la filosofía de los Hells Angels, que enseguida estableció su catecismo particular en sus primeros elepés Motörhead (1977), Overkill (1979) y Bomber (1979).
Tras la debacle final de Deep Purple y grabar un par de álbums en solitario, David Coverdale armaba una banda que llamó Whitesnake, para de salir de gira y promocionar su elepé Trouble (1978). La suma de esfuerzos de todos estos músicos, recorriendo noche tras noche la geografía de las Islas, dejándose el resuello a cambio de unas cuantas libras esterlinas, mantuvo la llama encendida, hasta que en 1980 una nueva generación abrió la llave del gas propano e hizo saltar todo por los aires.




Los primeros espasmos se apreciaron en el otoño de 1979, al multiplicarse los shows de estos grupos, debido a la demanda que empezaban, o volvían, a suscitar. Era un hecho evidente, cada día iba a más. El público, aparte de los mismos locos que habíamos vibrado ocho años antes con Zeppelin, Beck, Purple y Sabbath, eran miles de chicos muy jóvenes, con pelo largo, vaqueros, chupas de cuero y camisetas de sus bandas favoritas.
Con ellos surgió también una nueva estirpe de combos agrupados en torno al heavy metal, adjetivo que a partir de entonces cobrará otra dimensión, al forjarse la llamada New Wave Of British Heavy Metal -como la bautizó el periodista musical y especialista en ese género Steve Gett-, en respuesta al new wave pop con que se les había intentado narcotizar, sin éxito, claro. De este modo, al llegar 1980, teníamos una prole de nuevas bandas dispuestas a desenterrar el hacha de guerra y hacer sonar sus tambores: Saxon, Iron Maiden, Angelwitch, Def Leppard, Praying Mantis, Samson, Diamond Head, Vardis, Girl, Grand Prix, Wild Horses, Girlschool y Tygers of Pan Tang fueron las más notorias, pero detrás venían cientos más, de cada ciudad, barrio, pueblo, suburbio y aldea del país. Lo mismo pasó en el resto del mundo.




Y en esas, Black Sabbath reaparecían en Hammersmith; UFO, Motörhead, Whitesnake, Michael Schenker y Ozzy Osbourne se daban un multitudinario baño de lodo en Redding; y Rainbow y Judas Priest dinamitaban con sus guitarras el circuito de Donnington ... Volvía el hard rock, despertaba el Metal.

© 2011 Salvador Domínguez