El Rock Progresivo en España: 1969-1973

Salvador Domínguez

En 1969, las cosas habían cambiado radicalmente en España. De la inocencia de los días de Los Brincos y Los Bravos poco quedaba ya, y se iniciaba una nueva etapa marcada por Cream, Jimi Hendrix, The Doors, Traffic, Spooky Tooth, Led Zeppelin, Steppenwolf, Blue Cheer, Grand Funk Railroad, MC5, Jethro Tull, King Crimson, Frank Zappa & The Mothers y otros grupos que recientemente habían surgido en el Reino Unido y en los Estados Unidos.




6 de mayo de 1968: Banderas rojas ondean en París. Los estudiantes cantan 
La Internacional, mientras se enfrentan a la policía. (Foto: Sygma) 


20 de julio de 1969: El hombre pone sus pies en la superficie lunar.
(Foto: National Aeronautics and Space Administration)



La atrevida melenita por debajo de la oreja había dado paso al melenón hasta los hombros. El consumo de porros y ácidos entre músicos y el público que acudía a los conciertos estaba a la orden del día, en un esotérico sacramento fundamentado en las gotas alucinógenas del doctor Albert Hoffman, un químico nazi que en 1938 sintetizó la dietilamida del ácido lisérgico, o sea: el LSD. ¡Danke schön, herr Hoffman ...!

Las canciones facilonas de dos minutos y medio de duración se extendieron a temas con múltiples modulaciones en las que las improvisaciones podían durar un tiempo ilimitado. De hecho los catalanes Máquina!, una de las agrupaciones más emblemáticas del underground hispano, incluyeron un único tema en la cara B su primer álbum.



 El doctor Hoffman sintetiza el LSD en los laboratorios Sandoz, de Basilea, Suiza.
(Foto: Archivo STP)


Why? (Diábolo, 1970), primer elepé de Máquina!



Desde que en 1966 The Beatles -con Revolver-, Bob Dylan -con Blonde on blonde-, The Beach Boys -con Pet sounds- y The Rolling Stones -con Aftermath- impusieron la costumbre de grabar elepés conceptuales, la unidad de ideas en el contexto de un disco se hizo prácticamente indispensable, y mucho más a partir de la publicación del álbum Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band (1967), de The Beatles, cuyo impacto y repercusión fueron tremendos.

A partir de ese momento, en un long play ya no vendrían temas sueltos sin ninguna relación entre ellos; además, en 1970 la progresía derivada del jipismo y el flower power empezaba a cobrar forma, y muchos adeptos.




Sgt. Pepper´s lonely hearts club band (Parlophone, 1967). The Beatles. 



Los vinilos de estas agrupaciones progresivas españolas se vendieron razonablemente bien, ya que aunque su público fuese minoritario, compraba discos. El negocio del rollo underground estaba en cierto modo garantizado, aunque para nosotros, los músicos de ese palo, hablar de dinero fuese algo de mal gusto, propio de burgueses adocenados. Incluso el hecho de grabar un disco con un sello convencional podía llegar a ser un auténtico sacrilegio por el que una auténtica banda de rock se negaba a pasar. 

Aquella era una praxis como otra cualquiera para intentar transformar el estado de las cosas. Inconscientemente vivíamos atados a un dogma de fe, pero no quedaba otra alternativa ... o esa, o dejarse manipular por el devastador engranaje de la industria discográfica, más pendiente del éxito comercial instantáneo que del desarrollo musical de un artista con algo de talento. En fin, el eterno dilema entre ser fiel a tus ideas o convertirte en un mero producto de consumo. ¡Estúpidos románticos!

El chaval español enrollado ya escapaba fuera de nuestras fronteras. Los viajes a otras ciudades europeas, como Londres, Amsterdam o Berlín, eran moneda casi corriente, especialmente si echabas mano del carné del SEU; entonces los pasajes salían tirados. Si tomabas la alternativa de ir a Marruecos o a la India te tenías que buscar la vida por tu cuenta y riesgo. 


Festival en el club UFO, Londres, días 1 y 2 de septiembre de 1967.


También por entonces aparecieron jóvenes promotores con ideas revolucionarias, que habían visto y asimilado el trasfondo de festivales como el de la Isla de Wight y el ambiente de auditorios tan enloquecidos como el UFO -en el 31 de Tottenham Court Road, creado por Joe Boyd, director de Elektra Records en el Reino Unido- y el Roundhouse -en Chalk Farm Road-, templos sagrados de la psicodelia londinense y dominios particulares de Pink Floyd, Soft Machine, Tomorrow, The Pretty Things, The Incredible String Band, Tyrannosaurus Rex, The Pink Fairies, y otros grupos que encabezaban la psicodelia y el underground británico. 



The Roundhouse, Chalk Farm Road, Londres. 





Hay que constatar que el primer gran festival de música progresiva española, el famoso `1er. Festival Permanente de la Música Progresiva´, tuvo lugar en el Salón Iris, de Barcelona, en un ciclo de conciertos, organizado por Oriol Regàs, que se extendió durante los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1970. 

Algún tiempo después, el sábado 22 de mayo de 1971, una amplia representación de bandas underground españolas -más dos inglesas: Family y Tucky Buzzard- actuábamos en el Festival de Granollers, que fue el primero de los grandes eventos al aire libre, al estilo de Woodstock y la Isla de Wight, que se celebró en España. 

Regàs, promotor barcelonés de altos vuelos y buen gusto, fue, tal vez sin proponérselo, el primer y principal impulsor de la movida underground en España. Sirvan sus palabras como testimonio de una época irrepetible. 

“En cuanto a música se refiere, lo primero que hice fue llevar el management de Máquina!, para quienes monté un concierto en 1969 en el Salón Iris, un año antes del Festival Permanente de Música Progresiva. Era un gran grupo, con un personaje fantástico y peculiar como el guitarrista José María París, que hacía ayunos de treinta o cuarenta días, tocaba de espaldas al público, y me parecía un músico excepcional. También Enric Herrera, quien años más tarde, cuando abrí L´Aula de Música y de Jazz de Barcelona, fue su primer director. 






Máquina! Concierto en la Plaza de Cataluña. Barcelona, verano de 1970. 
(Foto: Colita)


En ese tiempo yo tenía la sala `Bocaccio´, que estaba en el 505 de la calle Muntaner, y pensaba que ese lugar debía ser algo más que una discoteca, por lo que decidí embarcarme en otros proyectos paralelos. Así montamos un sello discográfico (Bocaccio Records), una empresa de diseño arquitectónico (Bocaccio Design, con Óscar Tusquets, Pep Bonet, y Christian Cirici), una marca de ropa (con Ferrer i Sentis) y una productora de cine (Bocaccio Films) con la que hicimos la película Morbo, que dirigió Gonzalo Suárez, protagonizada por Ana Belén y Víctor Manuel. 

Fue por entonces (otoño de 1970) cuando organicé el festival de Música Progresiva en el Salón Iris, en el que intervinieron Máquina!, Smash, Cerebrum, Evolution, y Los Canarios, entre otros. Los grupos tocaban los viernes por la noche y los domingos por la mañana. El precio de la entrada era de 50 pesetas los viernes, y 25 los domingos, ya que pensábamos que el público que asistía por las noches tendría mayor poder adquisitivo.



1er. Festival Permanente de la Música Progresiva, Salón Iris, Barcelona, 1970.
(Archivo personal de Oriol Regàs) 


En una de aquellas veladas, que presentaba el disc jockey José María Pallardó, descubrí a Smash, e intenté con ellos una idea novedosa para ese tiempo, que era el Flamenco Pop, aunque la cosa no terminó de cuajar debidamente ya que ellos como personas eran un poco dispersos, pero aún así logramos sacar un single -producido por Alain Milhaud- con los temas El garrotín y Tangos de Ketama que tuvo mucho éxito. 






Más tarde, con Gay Mercader, iniciamos Gay & Company, y juntos hicimos conciertos con Emerson Lake & Palmer, King Crimson, Premiata Forneria Marconi, Traffic, y Jethro Tull. Nuestros amigos, a modo de broma, decían que Gay era Gay, y yo era la Company.






Después de eso, en octubre de 1975, monté por mi cuenta un festival con Raimon, en el Palacio de los Deportes de Barcelona, y en Enero del 76 otros dos con Lluis Llach y Pí de la Serra. Hacía pocos días que Franco había muerto y aquel fue el despertar de la conciencia de mucha gente. 

La Gauche Divine se puede definir como algo anárquico, espontáneo, sin carné, ni reglamentos ni asambleas. Nos bautizó así el periodista Joan de Sagarra, del periódico Tele Express, a raíz de un evento sobre poesía que se celebró en el Price. Los miembros de la Gauche Divine teníamos varias cosas en común, como el amor a la cultura o el hecho de tener como enemigo común a Franco. El asunto tenía un cierto aire de frivolidad, pero a las 9 todos estábamos en el despacho trabajando seriamente. 

Con Bocaccio Records intentamos grabar una ópera titulada Être Dieu (Ser Dios), escrita e interpretada por Salvador Dalí. Al hombre le conocimos en Cadaqués, quedamos en que nos haría un guión y no nos dio nada. Entonces, Alain Milhaud, Manuel Vázquez Montalbán y yo nos fuimos a París a verlo, con la intención de que supervisara un guión escrito por el propio Vázquez Montalbán.

Finalmente, entramos en los estudios Pathé Marconi para grabar el disco, pero Dalí no apareció. Tiempo después, se decidió terminar la obra en los estudios Gema de Barcelona, y Dalí volvió a sorprendernos a todos diciéndonos: "Dalí nunca se repite”, y se puso a cantar y recitar lo que le vino en gana. A Milhaud, que es un productor metódico, serio y minucioso, casi le da un ataque de nervios, aunque todos ya sabíamos cómo se las gastaba Dalí. La obra sería publicada algunos años más tarde.”  (Oriol Regàs, promotor)



Manuel Vázquez Montalbán, Oriol Regàs, Salvador Dalí y Alain Milhaud, 
en París, dando forma a la ópera Être Dieu (Ser Dios). 
(Foto: Archivo personal de Oriol Regàs)




"La Gauche Divine fue un movimiento socio-cultural que agrupó en Barcelona, durante la década de los sesenta y la primera mitad de los setenta, a políticos, editores, diseñadores, arquitectos, filósofos, artistas, fotógrafos, poetas, escritores, cineastas, etc...

El denominador común de esta joven 'inteligencia', salida de la más genuina burguesía catalana, era su afán de diversión, de creación y de modernidad. Sus componentes intercambiaban entre sí experiencias y proyectos, se declaraban anti-franquistas y, en el club Bocaccio de la calle Muntaner, discutían con animación hasta avanzadas horas de la noche, entre whiskies y algún que otro baile. Buscaban la afirmación de sus respectivas personalidades bajo el palio de una nueva forma de sentir, pensar, trabajar y disfrutar de la vida. En definitiva buscaban relacionarse. 

Bocaccio era el centro principal de sus encuentros nocturnos y Vía Veneto el lugar privilegiado, reservado y excelso para el gozo gastronómico de sus estómagos. Ambos templos fueron promovidos y gestionados por Oriol Regàs que supo auparlos al zenit de la vida política, social y cultural de Barcelona gracias a su imaginación, su excepcional don de gentes, su brillante instinto empresarial y muchas horas de trabajo, empeño y sueño sin satisfacer.

Cuando Oriol decidió abrir el Bocaccio madrileño, le propuse crear un sello discográfico que llevaría el nombre y anagrama de la discoteca. La idea le entusiasmó y al poco tiempo se convirtió en realidad."  (Alain Milhaud, productor discográfico)



Alain Milhaud.  (Foto: Archivo Wildguitar)



En el Madrid de 1970, Mario Pacheco, futuro creador del sello Nuevos Medios, organizó algunos conciertos -como el de la calle María Zayas, en el barrio de Tetuán-, que se extendían durante todo un fin de semana. En ellos tocaban grupos netamente progresivos, y a la vez se proyectaban escenas de la película 2001: Odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968) en una pantalla detrás del escenario, para que la gente alucinase en tecnicolor tridimensional. Tanto Mario, como Segis y Gay Mercader en Barcelona, ayudaron al funcionamiento en España del espectáculo del rock en sus múltiples vertientes. 



Mario Pacheco, en 1974. 
(Foto: Archivo personal de J. Benito Fernández)


2001: Odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968)



Gay Mercader -contando con el apoyo de Oriol Regàs- fue el primer promotor español que se arriesgó en traer grupos con montajes francamente sofisticados y costosos, como Emerson Lake & Palmer (en mayo de 1974), que fue con quienes se abrió la veda. Al llegar a Barcelona, el trío británico estaba en la cúspide de su fama y exigió todo tipo de viandas y lujos, tanto en los tres camerinos que ocuparon en el Palacio de los Deportes, como luego en el hotel Ritz, cuando a las cuatro de la madrugada el eficaz y voluntarioso Gay Mercader tuvo que ir a buscarles tres prostitutas para que pudieran encarar alegremente el resto de la noche. Con ésto no revelo ningún secreto. El hecho fue vox populi. 


“Aquí no había nada. Por no haber no había ni escenarios, que eran de fiesta mayor, de setenta centímetros de alto, algo ridículo. Evidentemente, imagínate algo así. Por otra parte estaba el tema del Régimen, que yo ignoraba porque venía de París. Desconocía el nivel de represión de la dictadura. Quizá por esto hice lo que hice...

En un concierto en el cine Monumental de Madrid nos dijeron que los amplificadores no podían estar en la boca del escenario, porque si no vendría el comisario para prohibírnoslo personalmente. Esto, naturalmente, me espoleaba aún más, y les decía: `Bueno, que venga ese comisario, a ver qué pasa´. Tal vez, si yo hubiera vivido aquí me habría enterado de qué iba todo esto. Era una época jodida.

Yo marco como fecha oficial de mi primer concierto el año 1973, con The Incredible String Band, en el Palau de la Música de Barcelona, aunque, tal vez, mi primera producción grande, a lo bestia, fue el concierto de Emerson, Lake & Palmer.

Cuando murió Franco hubo un momento complicado, por la represión existente hasta entonces. El empresario estaba mal visto y se extendió la teoría de que la música debía ser para el pueblo, y los conciertos, gratis. Entonces, todo eso lo hacía un poco crudo.”
 (Gay Mercader, promotor de conciertos)



El promotor Gay Mercader y Patti Smith. 
(Foto: Archivo personal de Gay Mercader)


Mientras, el personal drogota se lo pasaba en grande. Una pastilla de LSD costaba 150 pesetas en Madrid o Barcelona, pero si te ibas a Ibiza era probable que te saliera por 50, o que te la regalasen. Ibiza, desde luego, era el no va más. Todo el jipismo europeo se daba cita en esa isla, o en Formentera, que se encontraba en un estado aún más primitivo y salvaje. 



Ibiza (Foto: Tramuntana)

Formentera (Foto: Aerosoft IbizaX)



Aquel lugar era un alucine de cine. Algo así como parque temático de “colgaos”. Mucha culpa de ello la tuvo la película More (Barbet Schroeder, 1969), ambientada en Ibiza, con B.S.O. a cargo de Pink Floyd, que reflejaba la euforia juvenil de aquellos enloquecidos momentos, y que indujo a miles de espíritus libres de nuestro planeta a visitar los paradisíacos paisajes de esa preciosa isla mediterránea.



More. B.S.O. (Columbia / EMI, 1969). Pink Floyd. 



Los barcos de la Transmediterránea, que salían desde Valencia y Alicante, iban completamente atiborrados de melenudos descalzos fumando hashish en pipa, esperando al amanecer para desembarcar en el paraíso de sus sueños opiáceos. 

En el puerto, la policía, impávida, miraba y no entendía nada ... Todo iba bien si no hablabas del Ché Guevara. Al pisar tierra, los registros en busca de droga eran exhaustivos y generalmente ímprobos, dada la dejadez de los funcionarios, que sólo se ponían las pilas cuando desde Madrid llegaba algún alto cargo de la “Estupa”, nombre con el que simpáticamente se denominaba a la Brigada de Estupefacientes.



El Ciudad de Valencia, atracado en el puerto de Ibiza. 
(Foto: Compañía Transmediterránea)



"Picasso me decía: “El olor del opio es el olor menos estúpido del mundo.”
Sólo podría comparárselo al olor de un circo o un puerto de mar.
Sin opio tengo frío, me acatarro, no tengo hambre. Estoy impaciente por imponer lo que invento. 
Cuando fumo, tengo calor, desconozco los catarros, tengo hambre, mi impaciencia desaparece. 
Doctores, meditad sobre este enigma."
(Jean Cocteau, 1928)

No hace falta meditar mucho, querido Jean, lo que tenías era un enganche preocupante. 



España, país de grandes contrastes sin duda, presentaba dos vertientes perfectamente definidas y completamente divergentes. Por un lado encontrabas el rollo convencional, de oficina, colegio, Universidad, 40 principales, cubata de güísqui, fútbol los domingos, y una vagina incrustada perennemente en el cerebro. 

Por otro, ruptura con la escuela, rebelión contra los padres, sedición contra el sistema, choteo hacia la dictadura, pelo largo a lo bestia, escapada a Ibiza, Londres, Amsterdam, Marrakesh, practicar el amor libre -con uno mismo, claro-, y tocar en un grupo de rock progresivo. Si no tocabas en uno, lo suyo era colocarse a tope e ir a ver a alguno. 


"Cuando se tienen diecisiete años 
no se es serio. Una tarde 
(¡Al carajo las cañas de cerveza 
y las cafeterías ruidosas y lustrosas!) 
bajo los tilos verdes del bulevar 
nos damos un garbeo." 
(Arthur Rimbaud, 1870) 



En cuanto a esas agrupaciones progresivas españolas, las que tuvieron la suerte de grabar disfrutaron de una mayor libertad para elegir el repertorio de un disco. Como al fin y al cabo la movida iba de underground, los productores y directores artísticos que controlaban el tinglado optaron por no meter mucha baza y dejaron al artista expresarse a su manera. Cuanto más underground, mejor. 



Santiago G. Cortés, Jordi Batiste, Enric Herrera y Luigi Cabanach. 
Máquina! 1969.  (Foto: Archivo personal de Jordi Batiste)

Antoñito Rodríguez, Henrik Michael, Julio Matito y Gualberto García. 
Smash, 1970. (Foto: Archivo personal de Gualberto García)

Pedro Moreno, Javier Esteve, Chema Pellico y Luis Navarro. 
Cerebrum, 1970. (Foto: Archivo personal de Pedro Moreno)

Ia Clua, Manel Joseph y Jordi Clua.
2+1, 1970.  (Foto: Archivo personal de Manel Joseph)

Salvador Font, Emili Baleriola y Carles Benavent. 
Crac, 1970. (Foto: Archivo personal de Emili Baleriola)

Pepe Marín, Tito Artigas, Jordi Querol, Max Sunyer y Pepe Fernández.
Vértice, 1970.  (Foto: Archivo personal de Max Sunyer)

Pepe Fernández,  José María Villaseca "Tapi" y Max Sunyer. 
Tapiman, 1971.  (Foto: Archivo personal de Max Sunyer)

Jordi Camp, Martí Brunet, Manel Camp y Santi Arisa. 
Fusioon, 1974.  (Foto: Ariola)

Sammy Goos, Agustín Mejías, Ramón de la Brena y Javier Elorrieta.
Museum, 1971.  (Foto: Archivo personal de Javier Elorrieta)

Mariano Pérez, Pablo, Biberón, Juan Cánovas y Antonio García de Diego. 
Franklin, 1972. (Foto: Roberto de Armas)

De abajo a arriba: Tony Reguera, Manolo Martínez, Nolo Sevilla y Nono Ábalo. 
Simún, 1970. (Foto: Archivo personal de Nono Ábalo)



Los grupos más notables de aquel movimiento fueron los sevillanos Smash, los madrileños Cerebrum, y los barceloneses Máquina! Pero hubo también otros tan importantes como Evolution (alemanes, excomponentes de The Vampires), Om, Vértice, Tapiman, Música Dispersa, Agua de Regaliz -posteriormente: Pan y Regaliz-, Jarka, Crac, Dos + 1 (de Barcelona), Fusioon (de Manresa), Blue Bar, Franklin, Museum (de Madrid), Green Piano, y los renovados Gong (de Sevilla), Simún (de Cádiz) y los venezolanos Sangre.



















Ahora bien, la única revista musical que ofreció cierta cobertura y atención a los grupos progresivos fue Disco Expres, un semanario con formato de periódico en estricto blanco y negro, que en cierta manera fue el nexo de unión entre los aficionados al rock. Entre sus impulsores y articulistas más insignes figuraban Joaquín Luqui, Erwin Mauch, Jordi Serra i Fabra, Mariscal Romero, Ramón Trecet, Jesús Ordovás, Victorino del Pozo, Clemente Tribaldos, Carlos Roldán, y otros nombres sumamente reconocidos.



Número 366 de Disco Expres, con portada de Ceesepe y artículos de 
Jordi Serra i Fabra, Jesús Ordovás, Antonio de Miguel y Diego A. Manrique.



“En 1968 un grupo de locos fundamos la revista Disco Expres, en Pamplona, y fue un honor ser su primer director. Apoyábamos a gente como Led Zeppelin, Renaissance, y otros entonces desconocidos en España, y también artistas españoles nuevos y muy buenos, buscando caminos del llamado underground o música progresiva.”    (Joaquín Luqui, disc jockey y periodista)




Teddy Bautista y Salvador Domínguez.
Canarios, Parque de Atracciones de Madrid, julio de 1972. 
(Foto: Archivo Wildguitar)



El underground pudo desarrollarse también gracias a la labor de varios disc jockeys de radio. Uno era Alfonso Eduardo Pérez Orozco, que ya llevaba años metiendo caña desde Radio Vida, en Sevilla. Alfonso Eduardo inició un programa de cobertura nacional, 'Explosión 68', y se mudó a Madrid al nº 5 de la calle Juan Hurtado de Mendoza. A ese edificio de la Costa Fleming los porteros lo conocían como “El Palacio de la Música”, por la profesión de la mayoría de los inquilinos. Otros disc jockeys sevillanos de gran importancia fueron Pepe Fernández -en Radio Vida-, y Paco Sánchez, de Radio Guadalquivir.

En Madrid tuvimos, desde 1968, a Vicente “Mariscal” Romero y su programa 'Musicolandia', emitido desde las ondas de Radio Centro, una emisora del régimen en la que podías ver juntos en el ascensor a un músico hippie y a un falangista con su camisa azul.



El Mariscal Romero, en los baños de la discoteca M&M. Madrid, 1974. 
(Foto: Mario Pacheco)



Desde la última planta de aquel extraño edificio, cuya entrada estaba custodiada por los grises (la policía franquista), “El Mariscal” programaba toda la música posible, entrevistaba a las bandas españolas del género, y propiciaba la expansión del movimiento rockero. Su estilo creó escuela a partir de 1970. 
Otro notorio disc jockey que emitía desde Radio Centro era Wenceslao Pérez Gómez, seguidor de la escuela radiofónica de Ángel Alvarez, quien a su vez dio mucho cuartelillo a los aficionados. 

“ `Musicolandia´ empezó oficialmente en octubre de 1968. Hasta entonces, la radio estaba aglutinada por Ángel Álvarez, que en ese momento programaba folk extranjero, Pepe Palau, y Raúl Matas, es decir, el pop en su estamento más claro, y con `Musicolandia´ se rompe esa tónica. Ellos eran grandes profesionales, pero tenían más edad, otra forma de ver la vida, y no se engancharon a esa revolución. 

Aquel año empieza la ruptura de los Rolling Stones, la irrupción de Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Santana, Canned Heat, etc., y yo con mi programa de radio lo único que hago es plasmar toda esa vanguardia musical. A partir de ahí, al tener una difusión toda esa descarga que viene, empiezan a llegar a la radio grupos, mánagers, promotores de conciertos y dueños de discotecas.

En 1971 yo organizo como promotor, junto a Salvador Arevalillo, disc jockey de la sala M&M, una matinal con el power trío Blue Bar. Los camareros se chotean de Arevalillo por su vehemencia rockera, pero después de que lo anunciamos en la radio y ven que el local se llena a reventar, las cosas cambian. 

Al día siguiente, los dueños, que eran unos pijales, me vienen a ver y me dicen que me dejan la discoteca para que yo la maneje, y yo digo: no entiendo de esto. Entonces Paco, el encargado, me dice: tú no entiendes de esto, pero sabes cómo hacer que se llene. Así que nos asociamos él y yo, contando con la colaboración de Carlos Juan Casado, que trabajaba en la compañía discográfica Ariola. Él nos hacía las gestiones con los grupos extranjeros que empezamos a llevar a M&M. Era asesor y relaciones públicas, no socio. En Barcelona, paralelamente, compartíamos algunos artistas con los promotores Segis y Gay Mercader, y ésa es la explosión del rock de vanguardia en el país.



Carlos Juan Casado, delegado de Ariola en Madrid.
(Foto: Revista Semana)
   


Toda la movida lleva también una connotación política espectacular; prueba de ello es que cada quince días los grises visitaban M&M, mandaban encender las luces de la sala, mientras 40 tíos bailaban haciendo como que tocaban la guitarra, y la poli encontraba el suelo lleno de chinas de chocolate. Una vez actuó el cantaor flamenco, de filiación comunista, Manolo Gerena, y nos lo cerraron durante dos semanas.
   
Había un ambiente solidario y contestatario, y en mi programa también ponía cosas de Quilapayún. Todo esto desemboca en 1974, cuando Gonzalo García Pelayo me dice que vamos a grabar un elepé con varios grupos para el sello Movieplay. Así sale a la venta Viva el rollo Volumen 1, cuya portada la diseñó Carlos Juan Casado. El disco era todo en inglés, y ahí estaba el mensaje, porque en ese momento era muy complicado cantar cosas en castellano. 



Los grises reprimiendo una manifestación antifranquista. 1973.
(Foto: Diario El País)



Los rockeros estaban marginados por la pinta, el pelo y a la hora de grabar un disco había que presentar las letras de las canciones al Ministerio de Cultura, para su debida aprobación. En las radios existían listas negras, había discos que no podías pinchar. Era todo muy ridículo, porque igual censuraban un viejo tema de Antonio Machín que hablaba de montárselo con dos tías, que Won´t get fooled again de los Who, Heroin de Lou Reed, o la portada del Sticky fingers de los Rolling Stones. Realmente se cantaba en inglés para vacilar a la censura.  (Mariscal Romero)



En la capital del Estado, aparte de las matinales domingueras del cine San Pol, la única sala de conciertos underground era M&M, en la calle México. Allí tocaron bandas españolas, y extranjeras como Mick Abrahams Band, Budgie, Greenslade, Geordie, Wild Turkey, Kevin Ayers Band, Sandy Denny, Nico, Premiata Forneria Marconi, y un largo etcétera. 


Yo había estado en el primer festival de la Isla de Wight, y al ver grupos españoles que me gustaban decidí montar conciertos por mi cuenta. Por entonces, yo era el disc jockey de la discoteca M&M, y, allí, el Mariscal Romero y yo organizamos el primer concierto que se hizo en esa sala.


Festival de la Isla de Wight. 26-30 de agosto de 1970. 


Fue un domingo por la mañana, con Blue Bar, que eran venerados por el público progresivo. Hubo un llenazo impresionante. Después hice otros, como uno memorable, también con Blue Bar, y los venezolanos Sangre. Fue el no va más. Se quedó un montón de gente en la calle sin poder entrar.   (Salvador Arevalillo, promotor de conciertos)






“Para mí hay tres historias que marcan la vanguardia rockera española: Máquina! en Barcelona, Smash en Sevilla, y Blue Bar en Madrid, que era una prolongación de Cerebrum, aunque la de Cerebrum era una progresía más barroca y menos directa. 

Tú traías (se refiere al autor de este libro) metida en la cabeza la radio americana, habías visto y escuchado las grandes bandas de aquel momento, y Blue Bar fue la primera imagen en que vimos reflejada como en un espejo la música que estábamos mamando.


Alrededor de ese grupo existía un movimiento progresista tan distinguido, que los llevaban en volandas con los discos de Cream bajo el brazo. Por las noches en mi programa yo pinchaba I feel free, y de pronto ver en directo una banda que plasmaba eso era sensacional.


Blue Bar, como trío que eran, marca la progresía de Cream y la brutalidad y desmadre de Blue Cheer. La pena es que en Europa, a diferencia de los Estados Unidos, no exista ese culto tan grande a las bandas que hicieron que todo el rollo explotase.”
 (Mariscal Romero)




Salvador Domínguez, Enrique Ballesteros y Chema Pellico. 
Blue Bar. Madrid, 1971. (Foto: Archivo Wildguitar)


“Blue Bar era lo máximo en Madrid. Los vi por primera vez en un concierto que organizó Mario Pacheco en un local cercano a la Plaza de España, en la calle Cadarso. Mientras tocaba el grupo hubo un apagón y un listo se llevó el dinero de la caja. Al finalizar la actuación, Mario salió al escenario, explicó lo que había pasado y pidió a la gente que a la salida dejase algo de dinero para poder pagar a los grupos. El público se solidarizó y respondió fenomenalmente. 

A Chema y a Salva ya los había visto con Cerebrum, pero Blue Bar rompía con todo. Era un power trío, y yo siempre he preferido los tríos; además, fueron los primeros que vi con una batería de doble bombo. Eso molaba mucho ...  

También fui a verlos a un concierto en la Escuela de Bellas Artes, junto al Reloj de Cuco, y Museum, la banda de Javier Elorrieta; y en un cine de Aravaca en una matinal de domingo que montó Mariano Pérez. Aquel fue uno de los primeros eventos que se hicieron en un cine. Conforme te acercabas a Aravaca, veías un montón de gente por la carretera.  (Javier Gálvez, mánager. Centro Rock)



Om, en un concierto organizado por Mario Pacheco. 
Cine San Pol. Madrid, 1971.  (Diseño del póster: Iván Zulueta)

Máquina! y Franklin, en un concierto producido por Javier Gálvez. 
Cine San Pol. Madrid, 1972.

Cerebrum, en un concierto producido por Salvador Arevalillo. 
Discoteca M&M. Madrid, 1972. 

Salvador Domínguez, Pedro Moreno y José María Casas.
Arkham (exCerebrum), discoteca M&M, 26 de noviembre de 1972.
(Foto: Archivo personal de José María Casas)


El equivalente de M&M en Barcelona era el Salón Iris, y más tarde Zeleste, una sala fundada por Víctor Jou, en mayo de 1973, en la calle Argentería, en pleno barrio gótico, donde flotaban ambientes musicales de armónico colorido tonal. También se hicieron festivales en el colegio de La Salle. 


Carles Benavent, Salvador Font, Emili Baleriola y Enric Herrera. 
Máquina! Salón Iris, Barcelona, 16 de noviembre de 1971.
(Foto: Archivo personal de Emili Baleriola) 


Pepe Fernández, José María Villaseca "Tapi" y Max Sunyer. 
Tapiman. Salón Iris, Barcelona, 12 de octubre de 1971. 
(Foto: Archivo personal de Max Sunyer)


Nacho Quixano, Pedrito Díaz, Ricardo Roda, Salvador Font, Víctor Ammann 
y Xavier Batllès. La Orquestra Mirasol, en la puerta de la sala Zeleste. 
Barcelona, noviembre de 1973.  (Foto: Archivo personal de Xavier Batllès)



En Madrid privaba la tralla. En Barcelona la sofisticación, y además allí estaba el grueso de sellos independientes de corte progresivo, como Edigsa -dirigida por Claudio Martí-, Concèntric, Els 4 Vents, y Dimensión. Las ondas de radio progresivas las controlaba José María Pallardó desde Radio Juventud. Todos los músicos escuchaban su programa. 



José María Pallardó, patriarca de la radio rockera en Cataluña. 
(Foto: Archivo personal de J.M. Pallardó)



El periodista musical Ángel Casas, creador de la revista Vibraciones y de programas de televisión como el mítico "Musical Express", “Angel Casas show”, y “Un día es un día”, nos plantea la evolución musical que tuvo lugar en Cataluña entre 1961 y 1975. Su testimonio distingue las distintas tendencias que allí se dieron, como el primitivo rocanrol barcelonés, la Nova Canço, y el apogeo de la música progresiva.

“En la evolución del rock y el pop en Cataluña hubo dos momentos perfectamente definidos. El primer empuje tuvo lugar durante los primeros días de Los Mustang y Los Sirex, con discográficas como EMI-Odeón, La Voz de Su Amo, Columbia, y Belter. Luego, con la aparición en Madrid de Hispavox y Zafiro, y grupos como Los Pekenikes, Los Brincos, y Los Bravos, Madrid tomó la hegemonía de la industria discográfica. 

Hasta la llegada de la progresía y el underground, Barcelona aguanta el tirón con grupos como Los Diablos, que grababan con La Voz de Su Amo, pero sobre todo con el sello Els 4 Vents, fundado por unos seminaristas. Su mentor era Ángel Fábregas, cuya familia tenía una editorial literaria llamada El Hogar del Libro. 

Esta gente, desde el Seminario de Barcelona, ve la necesidad de publicar canciones religiosas, y se nutre del repertorio de artistas de corte folk, como Peter, Paul & Mary, Bob Dylan o Joan Baez. De esta tentativa nace en el Seminario de Barcelona el Grup de Folk, con Pau Riba, Sisa y María del Mar Bonet, pero claro, éstos eran laicos. Como muchas veces, la Iglesia tuvo mucho que ver en los acontecimientos cotidianos de nuestro país. 






Pau Riba y Sisa. Revista Vibraciones, 1976. 


Finalmente, hay un golpe de fuerza al llegar la progresía. No hay que olvidar que a Pau Riba no le admitieron en el exclusivo círculo de la Nova Cançó, cuyo núcleo, que llevaba funcionando desde 1961, era denominado como Els Setze Jutges (Los dieciséis jueces) y estaba representado por Joan Manuel Serrat, Lluis LLach, Gullermina Mota, y Pí de La Serra. Esa progresía catalana arrancó con el propio Pau Riba, Sisa, Toti Soler -con Om- y otros músicos de gran talento.” 
(Ángel Casas, periodista)



Ángel Casas, con el equipo del programa de radio "Trotadiscos", de la Cadena SER, 
ganador del Premio Ondas en 1972. De izquierda a derecha: José María Baqué, 
Constantino Romero, Ángel Casas, Rafael Turia y Manolo Cornejo.
(Foto: Archivo personal de Ángel Casas)



“Hacia 1968 gente como Pau Riba, Maria del Mar Bonet, Ovidi Montllor, Oriol Tramvia, Els Tres Tambors -con Jordi y Albert Batiste- y yo, formábamos el Grup de Folk, un movimiento de rockeros hippies que tenía como patrón musical a Bob Dylan y a otros artistas del folk americano, en contraste con Els Setze Jutges (Los dieciséis jueces), un movimiento con una estética más pequeño-burguesa, de corte afrancesado, con influencias de Jacques Brel y Georges Brassens y próximo a la izquierda catalanista. Nuestra actitud era más universalista y revolucionaria. Resumiendo: éramos mundos aparte.

En 1968 grabé un primer single en solitario, L´home dibuixat, y en 1969, de los restos de Els Tres Tambors, salía Máquina! -con Jordi Batiste y Enric Herrera, quienes me acompañaron en mis actuaciones durante un tiempo hasta que formaron el grupo- y Música Dispersa, con Albert Batiste, Cachas, Selene y yo. 


Selene, José Manuel Brabo "Cachas", Jaume Sisa y Albert Batiste. 
Música Dispersa, 1970.   (Foto: Els 4 Vents)


Música Dispersa actuamos muy poco. Estuvimos un año juntos, grabamos un elepé y nos disolvimos en 1971, tras actuar en el Primer Festival Permanente de la Música Progresiva, organizado por Oriol Regàs en el Salón Iris. 

Entonces, retomé mi carrera solista. Entre 1972 y 1975 lo pasé bastante mal, sobrevivía como podía, viviendo en comuna. Fueron años difíciles, pero al mismo tiempo con una ilusión tremenda. Es en 1975, cuando Edigsa publica Qualsevol nit pot sortir el sol (1975), que se convierte en un éxito y me permite vivir de la música profesionalmente, algo que hasta entonces sólo había sido un intento.”  (Sisa)








"En 1969, Toti Soler y yo, conjuntamente con Román Escalas, que en la actualidad es director del Museo de Música, formamos Om.  Román era especialista en música antigua, Toti de folk-rock, y yo, que provenía de la música clásica y me gustaban pianistas como Arturo Benedetti Michelangeli, empecé a asimilar las corrientes del nuevo jazz que hacían músicos como Keith Jarrett, quien, curiosamente, al igual que yo, tenía una afinidad con la música country y con el folk.

Nuestra propuesta era muy ecléctica y con mucha lógica, e igual escuchábamos a Igor Stravinsky que a Joni Mitchell. También nos influyó mucho la visita que hizo a Barcelona el vibrafonista Gary Burton, a quien conocí por primera vez en el Palau. Venía con unos músicos impresionantes, entre ellos Larry Coryell. En aquellos días, en una semana aprendías lo que ahora en dos años.

Pero, en un determinado momento, a mí empezó a interesarme más la improvisación colectiva del jazz de Nueva Orleans (Jerry Roll Morton, King Olivier, Louis Armstrong, Duke Ellington, etc.), mientras Toti caía fascinado por Miles Davis y su disco In a silent way (1969) -después le pasaría lo mismo con Andalucía y el flamenco-, por lo que yo me desligué de la historia y él se quedó con el nombre del grupo.





Recuerdo que cuando salió a la venta el disco Dioptría 1 (1969), de Pau Riba, que fue lo que disparó la progresía, a la gente le llamaba mucho la atención la combinación que se daba entre el folk de Toti, mis influencias jazzistas, y la música coral del Barroco español, que Román Escalas, como gran músico, deformaba y jugaba con ella a su antojo. Era una mezcla explosiva, y creo que fue el disco más sonado de todos los que ha hecho Pau Riba en su carrera.

Después de aquello, formé Jarka, publicamos dos discos, y, en 1973, Toti y yo grabamos juntos un álbum, en los estudios EMI de Barcelona (Jordi Sabatés i Toti Soler. Edigsa, 1973)."  (Jordi Sabatés, pianista y compositor)




Cuca Picañol, Turronero, Toti Soler, Jordi Sabatés y Paco Cepero.
Jordi Sabatés & Toti Soler, 1973.  (Foto: Archivo personal de Jordi Sabatés)






Pero, ¡amigo! no nos olvidemos de Sevilla. De allí salieron Gong, Smash, y Nuevos Tiempos. Ellos fueron los primeros grupos en mezclar lo autóctono con lo anglosajón, preparando el camino para la ascensión definitiva del rock andaluz a la llegada de Triana, Imán Califato Independiente, Medina Azahara, Guadalquivir, Alameda, y otras magistrales bandas de más abajo de Despeñaperros. 






Sitting in my old way of home (Diábolo / Els 4 Vents, 1970), Nuevos Tiempos.



La magia y embrujo de la Giralda, la torre del Oro, el parque de María Luisa, de sus estrechas calles, callejones, casas con cancelas de hierro, y patios adornados con zócalos de azulejos de puro estilo árabe y mudéjar, dieron la inspiración necesaria a una serie de músicos que revolucionaron el ámbito musical de Andalucía y de España.

Ellos pasarían a la historia, tal y como hicieron otros grandes héroes del pueblo sevillano: José Gómez Ortega “Joselito” -de Gélvez-, o el trianero Juan Belmonte, sólo que en vez de muleta y estoque usaron distorsionantes guitarras eléctricas en su búsqueda de fama y fortuna.  



Sevilla. Barrio de la Santa Cruz. 
(Foto: Archivo Wildguitar)




"La única grabación que existe atribuida a Gong la hicimos Silvio, Gualberto y yo en Barcelona, poco antes de que el grupo estuviese formado definitivamente. Fue un single, con los temas  Love me baby y Look in her face. El segundo era un arreglo que hice de un tema de Leadbelly, que años más tarde volví a grabar con Gonzalo García Pelayo, en esa ocasión se incluyó un precioso arreglo de cuerda, pero no llegó a publicarse."  (Manuel José Segura “Mane”, guitarrista, cantante y líder de Gong)


 “Mane era un universitario que estudiaba arquitectura. Provenía de una clase cultural superior a la media, pero tenía muchas ganas de tocar con buenos músicos y no le importaba ni el estrato cultural ni social de éstos, con tal de generar música. Las riendas de Gong las llevaban él y Pepito Saavedra. Ambos tuvieron serios problemas psiquiátricos, por eso se disolvió el grupo, y Mane, un gran talento, se perdió para la música.

Lo único que grabó el grupo fue un single para el sello Els 4 Vents, en el que venía Love me baby, un tema firmado por Mane. En él tocó la percusión Miguel Ángel Iglesias. Luego, en 1971, yo grabé un Gong nuevo, con Manolito Marinelli (teclados), Tele (batería), Manolo Rosa (bajo) y Luis Cobo “Mangarra” (guitarra). En el disco de ese nuevo Gong, Mane cantó un tema dedicado a Leadbelly. También hay un elepé inédito de esa etapa.”   (Gonzalo García Pelayo, mánager de Gong y de Smash, y productor de Triana)





Tele, Manolito Marinelli, Manolo Rosa y Luis Cobo "Mangarra". 
Hay un hombre dando vueltas (Polydor, 1971), Gong. 



“En 1967, en Sevilla, la cosa progresiva estaba centrada en el club Don Gonzalo, por la música que ponían y el ambiente, un poco intelectual-universitario y político. Después nos reunimos en el Parque de María Luisa, en la Glorieta de los Lotos, que estaba llena de hippies, y donde me encontré con un guitarrista llamado Manolo Rodríguez, que años más tarde formaría parte Imán Califato Independiente.

También íbamos por el Parque de las Estatuas, que era muy grande, y nos sentábamos a tocar en las escaleras del Archivo de Indias. Hubo un tiempo, en la época de Gong, mientras yo estaba en la mili, que nos reuníamos en el Parque de los Príncipes. No éramos muchos, pero el rollo era sensacional.

Un día, justo cuando Gong se iban a disolver, pasé por el club Don Gonzalo, y su dueño, Gonzalo García Pelayo, me preguntó si quería tocar unas canciones. Allí estaba el equipo de Gong, que por lo visto yo podía usar... Entonces formé Smash pensando en Julio Matito y en Antoñito, a los que ya había visto tocar con su grupo, Foren Dahf, en el Club Ye-yé, que estaba en la calle Alfonso XII."  (Gualberto García, guitarrista de Smash) 



Glorieta de los lotos (Philips, 1970), primer LP de Smash. 



“La discoteca Don Gonzalo la cerró en 1968 el Gobernador Civil, Utrera Molina, sabiendo que ahí no había nada. El de Los Remedios era un barrio de clase dominante y la presión de los vecinos hizo clausurasen aquel lugar. Allí conocí a Gong y me convertí en su manager, hasta que la mujer de Ricky heredó, y como eso les reportó dinero para autofinanciarse pasaron de mí. Inmediatamente se disolvieron.

Yo quedé enrabietado, me habían gustado los Beatles, pero no era músico, quería ser manager y organizar un grupo, así que le propuse la idea a Gualberto, y Smash tiraron hacia adelante. Su consagración en Sevilla llegó con un concierto apoteósico en el teatro San Fernando, junto al grupo Los Buenos.” (Gonzalo García Pelayo)



Gonzalo García Pelayo, Antoñito, Julio Matito y Gualberto, llegando 
al programa 'Musicolandia', de Radio Centro. Madrid, 1971. 
 (Foto: Archivo personal de Mariscal Romero)


"Empezamos a ensayar en una nave que alquilamos cerca del aeropuerto y dimos nuestro primer concierto en 1968, en el teatro San Fernando. Aquello fue impresionante, yo no me lo creía, hubo histeria colectiva, llenazo, e incluso vino la policía por el jaleo que se montó. 

Después, a través del disc jockey Alfonso Eduardo, firmamos un contrato discográfico con el sello Philips y grabamos un single, en el que venían los temas One hopeless whisper, un country-blues con solo desmadrado, y I left you, a grito pelao, al límite. 



I left you / One hopeless whisper (Philips, 1969), Smash. 


Con Smash grabamos varios singles y dos elepés, pero entre un elepé y el otro yo desaparecí una temporada, mosqueado con la discográfica, y me fui en autostop a Barcelona a una casa en La Floresta en la que vivíamos Pau Riba, Sisa, Toti Soler y yo. 

Smash nos separamos en 1972 y nos volvimos a reunir en 1978. Tras la muerte de Julio, en un accidente de coche en Barcelona, en 1979, intentamos continuar con Enrique Laborde al bajo, pero Smash éramos Julio, Antoñito y yo, y eso no lo podía cambiar nadie. Nos separamos definitivamente al poco tiempo."  (Gualberto García)



"Smash es el primer grupo en darse cuenta que hacer lo de Frank Zappa y Jimi Hendrix no tiene mucho sentido siendo sevillanos. Por qué no mezclar todo eso un poco con el flamenco y los gitanos. Gualberto está en los dos frentes, pero se considera el más gitano del grupo, ya que según él tiene un cuarterón gitano. Julio también apuesta por el flamenco.

Forman dos grupos simultáneos: Smash Negro, tocando flamenco, y Smash Blanco, en una línea de rock parecida a la de Crosby, Stills & Nash, que le gustan a Gualberto.

Era un grupo con muchísimas ideas, pero al no haber un éxito consistente todas esas ideas no se podían llevar a cabo. Eran muy creativos, mezclaban distintas tendencias, lo que se aprecia en sus discos, que son poco unitarios y cada tema viene de una inspiración distinta.

En un momento llegamos a hacer un manifiesto del 'Borde', una perolata sobre la España Negra, evitando lo estético, abordando lo borde, y reinvindicando el neorrealismo español. Hacíamos juegos de palabras. Por ejemplo, decíamos “Que borde era mi valle”, en vez de “¡Que verde era mi valle!”, como la película de John Ford. 'Triunfo', la revista de la oposición, publicó íntegro aquel manifiesto.

Había una carga ideológica superior al mercado. El ambiente en Sevilla era de auténtica pasión con Smash, pero se fue degradando ya que no había una base comercial. Esas ideas las plasmaron en El garrotín, que con su sapiencia habitual produjo Alain Milhaud. Poco después el grupo se disolvía."  (Gonzalo García Pelayo)



El garrotín / Tangos de Ketama (Bocaccio, 1971), Smash.



"Oriol Regàs quería montar una agencia de management y tenía los ojos puestos en Smash, que acababa de incorporar al cantante Manuel Molina en su seno. El grupo estaba libre de compromiso discográfico y Oriol me propuso contratarlo para nuestro flamante sello Bocaccio Records. 

Atraído por la apuesta que supondría encontrar la forma de fusionar el rock con el flamenco, pero sin conocer personalmente a ninguno de los integrantes del grupo, acepté la sugerencia de Oriol y firmamos un contrato que, de haber conocido sus términos, hubiera hecho morir de envidia a los mejores grupos españoles de la época. 

Oriol Regàs, a cambio de convertirse en su mánager, brindó a cada músico la posibilidad de adquirir los mejores instrumentos y amplificadores del momento y, a Manuel Molina, un equipo de voz completísimo y potente. El acuerdo contemplaba también la puesta a disposición, gratuita para el grupo, de unos apartamentos en Lloret de Mar para que “Los Smash" – se les llamaba así - pudieran preparar y ensayar la grabación pactada con la máxima comodidad, tranquilidad y discreción, fuera del bullicio de la ciudad, escondidos dentro de los muros acústicamente bien acondicionados del Maddox, la discoteca más prestigiosa de la Costa Brava Sur.

Smash no supieron aprovechar la oportunidad que se les brindaba y, en lugar de trabajar para montar un repertorio propio e interesante, gastaron el tiempo entre continuas e inconfesables juergas lúdicas y psicodélicas, rodeados de sus respectivas mujeres y otros invitados e invitadas, y dormir para recuperarse de las mismas y de un consumo desmesurado de alcohol y drogas de todo tipo.

Cuando por primera vez acudí a Lloret de Mar para conocer el repertorio del grupo y ensayar con ellos de cara a la grabación que tenía ya fecha, a la hora prevista me encontré solo en el Maddox y tuve que esperar más de tres horas antes de osar pretender escuchar algún que otro tema malo, aburrido, mal estructurado, en una palabra: inservible. Hubo una fuerte bronca con amenaza mía de romper nuestro acuerdo. 

Calmados los espíritus y confiando en las palabras de arrepentimiento y de buena disposición del grupo, empezamos a ensayar el tema que más adelante se convertiría en su primer y único éxito: El garrotín. No pudimos, sin embargo, llegar a completar el elepé que, un mes después, empezamos a grabar mal que bien en los estudios de RCA en Madrid, entre numerosas dificultades técnicas del estudio - por cierto muy habituales en esa época y no solamente en RCA - y la falta notable de experiencia y competencia profesional de Smash.

El grupo, bajo la dirección del equipo de management de Oriol Regàs, tuvo la oportunidad de actuar en numerosas ocasiones y en grandes recintos. Sin embargo, en pocas semanas dejó fuera de servicio el material que Oriol les había comprado y puesto a disposición. Ello motivó legítimamente el enfado de Regàs y su ruptura con el grupo, que se desintegraría poco después. 

Smash quisieron imitar a Jimi Hendrix y The Who y, en un momento de completo descontrol, rompieron sus Marshalls con sus guitarras, sin reparar que los inventores de este particular show utilizaban amplificadores y bafles preparados para la circunstancia. Destruidos los de Smash, el combate cesó por falta de combatientes ... Una historia lamentable que recuerdo con desgana y tristeza."   (Alain Milhaud, productor discográfico)








* HASTA LA MUERTE DE FRANCO, EL PASAPORTE ESPAÑOL NO ERA APTO PARA VIAJAR A PAÍSES COMO ALBANIA, BULGARIA, CHECOSLOVAQUIA, HUNGRÍA, MONGOLIA EXTERIOR, POLONIA, REPÚBLICA POPULAR CHINA, RUMANÍA, LA URSS, YUGOSLAVIA, REPÚBLICA DEMOCRÁTICA ALEMANA, REPÚBLICA POPULAR DE COREA Y REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DE VIETNAM. 

DE ESTE MODO, EL RÉGIMEN NOS PROTEGÍA DE LA NEFASTA INFLUENCIA DEL COMUNISMO, EL SOCIALISMO Y OTROS INVENTOS DEMONÍACOS DEL CONTUBERNIO JUDEO-MASÓNICO. 

* EN MAYO DE 1968, LOS ESTUDIANTES PARISIENSES DE LA SORBONA ENCABEZAN UNA MANIFESTACIÓN EN CONTRA DE LA GUERRA DE VIETNAM, EL PODER ESTABLECIDO, EL ABURGUESAMIENTO Y EL CONSUMISMO. 
LOS SINDICATOS CONVOCAN, A SU VEZ, UNA HUELGA GENERAL Y 800.000 PERSONAS DEMUESTRAN SU DESCONTENTO RECORRIENDO LAS CALLES DE LA CIUDAD. 
EL GOBIERNO DEL GENERAL DE GAULLE SE VE DESBORDADO POR LOS ACONTECIMIENTOS E INTENTA REPRIMIR CON DUREZA LAS MANIFESTACIONES, PERO LOS ESTUDIANTES LEVANTAN BARRICADAS, RESISTEN, Y ANTES DE QUE CONCLUYA EL MES EL NÚMERO DE HUELGUISTAS EN TODA FRANCIA ALCANZA LOS 10 MILLONES, QUEDANDO EL PAÍS PARALIZADO. 
DURANTE EL MES DE JUNIO, CONTINUARON LOS ENFRENTAMIENTOS, AUNQUE CON LA LLEGADA DEL VERANO EL GOBIERNO VOLVERÍA A HACERSE CARGO DE LA SITUACIÓN. 
TODO HABÍA QUEDADO EN UN SUEÑO, PERO ESE SUEÑO HIZO DESPERTAR MILLONES DE CONCIENCIAS EN TODA EUROPA. ¿FUE QUIZÁS UN ANTICIPO DE LA ANTIGLOBALIZACIÓN Y DEL MOVIMIENTO 15-M? 

EN NOVIEMBRE DE 1971, EL GOBIERNO ORDENA LA CLAUSURA DEFINITIVA DEL DIARIO MADRID, POR "SU ENFOQUE POCO AFECTO A LA DICTADURA Y SU FALTA DE CALOR EN EL ELOGIO A FRANCO". EL EDIFICIO QUE ALBERGA LAS OFICINAS DEL DIARIO ES DERRIBADO. POCO ANTES, EN JUNIO DE AQUEL AÑO, Y POR EL MISMO MOTIVO, EL SEMANARIO TRIUNFO ES CERRADO DURANTE CUATRO MESES. LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA MADRILEÑA SE NIEGA A SOLIDARIZARSE CON SUS COMPAÑEROS.


Esta historia está tomada íntegramente del libro de Salvador Domínguez: 


© del texto: Salvador Domínguez 
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